Las hermanas Van Buren: 8.800 kilómetros en moto para demostrar que podían hacerlo
En 1916, Augusta y Adeline Van Buren cruzaron Estados Unidos sobre dos Indian PowerPlus con una idea bastante concreta: demostrar que las mujeres podían desempeñarse como mensajeras militares en motocicleta. Recorrieron alrededor de 8.850 kilómetros, atravesaron caminos que poco tenían que ver con las rutas que conocemos hoy, subieron Pikes Peak y, en más de una oportunidad, tuvieron problemas con las autoridades por utilizar pantalones y ropa considerada “masculina”. El Ejército finalmente no aceptó su propuesta, pero el viaje terminó ocupando un lugar importante tanto en la historia del motociclismo estadounidense como en la discusión sobre el rol de la mujer a comienzos del siglo XX.
Por Isaias Rider

Cuando uno lee que Augusta y Adeline Van Buren atravesaron Estados Unidos en moto en 1916, la distancia por sí sola puede no llamar tanto la atención. Estamos hablando de unas 5.500 millas, aproximadamente 8.850 kilómetros, que hoy siguen siendo un viaje importante pero perfectamente realizable con una moto moderna, buenas rutas y algunas semanas disponibles.
El problema de mirar la historia solamente desde la distancia es que se pierde buena parte de lo que realmente significaba hacer algo así en 1916.
Estados Unidos todavía estaba desarrollando su red vial, muchísimos caminos eran de tierra, la señalización era limitada y las motos exigían una atención mecánica que hoy resultaría difícil de imaginar para alguien acostumbrado a hacer un service y después recorrer miles de kilómetros sin tocar prácticamente nada. Tampoco había GPS, teléfonos celulares, asistencia en ruta ni una red de estaciones de servicio pensada para cubrir todo el territorio.
Augusta y Adeline salieron de Nueva York en julio de ese año sobre dos Indian PowerPlus y tardaron alrededor de dos meses en completar buena parte de la travesía hacia la costa oeste. Ahora bien, el viaje tenía además una particularidad que para mí es lo que termina haciendo mucho más interesante toda la historia: no habían salido simplemente para demostrar que podían cruzar el país en moto. Querían utilizar ese recorrido como prueba de que las mujeres podían trabajar como mensajeras militares.
Estados Unidos todavía no había entrado formalmente en la Primera Guerra Mundial, aunque la posibilidad de hacerlo estaba cada vez más presente. La propuesta de las hermanas era bastante sencilla de entender. Si las mujeres podían hacerse cargo de tareas de despacho y comunicaciones utilizando motocicletas, los hombres que ocupaban esos puestos podían ser destinados a otras funciones.
Hoy no parece una idea demasiado revolucionaria. En 1916 sí lo era.
Hay que recordar además que las mujeres estadounidenses todavía no tenían reconocido a nivel federal el derecho al voto, algo que ocurriría recién en 1920. Por ende, la discusión no pasaba solamente por si una mujer podía controlar una motocicleta pesada durante miles de kilómetros. Había toda una estructura social alrededor que daba por sentado que determinadas actividades simplemente no les correspondían.
Y las Van Buren eligieron una manera bastante directa de discutirlo: salir a hacerlo.
Las Indian PowerPlus y lo que significaba viajar en aquella época

Las dos motos utilizadas fueron Indian PowerPlus, un modelo que la marca había presentado justamente en 1916. Utilizaban un motor V-Twin y formaban parte de una generación de motocicletas estadounidenses que empezaba a ofrecer prestaciones suficientes como para pensar seriamente en recorridos largos.
Miradas con ojos actuales parecen extremadamente elementales. Y no lo digo como una crítica, obviamente, sino porque ayuda a entender lo que tenían entre manos. Suspensiones mínimas, frenos muy básicos, neumáticos estrechos, iluminación precaria y una mecánica que necesitaba bastante más atención por parte del propio usuario.
Hoy nos podemos sentar a discutir si para viajar conviene una rueda 21 o una 19, si necesitamos control crucero, puños calefaccionados o 20 litros de tanque. Ellas estaban viajando en una época en la que incluso encontrar combustible o saber exactamente por dónde continuar podía convertirse en parte del problema.
Esto también obliga a mirar el concepto de “aventura” de una manera un poco distinta. Actualmente solemos asociarlo a salir deliberadamente del asfalto con una moto preparada para hacerlo. En 1916 no hacía falta buscar un camino complicado. Una lluvia importante podía transformar una ruta de tierra en barro y detener el avance durante horas o directamente durante días.
Las crónicas del viaje hablan justamente de ese tipo de problemas: mal clima, caminos en mal estado, dificultades mecánicas y regiones donde avanzar era mucho más lento de lo previsto. Es decir, las motos no solamente tenían que recorrer miles de kilómetros; tenían que hacerlo sobre una infraestructura que todavía estaba bastante lejos de acompañarlas.
Las detuvieron por usar pantalones

Hay un episodio de la historia que, para mí, ayuda a entender mejor el contexto que cualquier descripción general de la época.
Augusta y Adeline utilizaban pantalones, botas y ropa de cuero para manejar. Desde el punto de vista de alguien que anda en moto, la elección no tiene demasiado misterio. Era más práctica, permitía moverse mejor y ofrecía una protección mayor que la vestimenta femenina tradicional de comienzos del siglo XX.
Sin embargo, durante el recorrido fueron detenidas en algunas oportunidades por utilizar ropa considerada masculina.
Y acá creo que se entiende bastante bien con qué clase de obstáculos estaban conviviendo. Había momentos en los que tenían que resolver barro, problemas mecánicos o encontrar un camino transitable y, al mismo tiempo, podían terminar dando explicaciones a la policía por estar usando pantalones.
No hace falta agregar demasiado dramatismo porque la situación ya habla bastante por sí misma.
También muestra algo que a veces se pierde cuando esta historia se cuenta únicamente desde la perspectiva del feminismo o del sufragismo. Ellas efectivamente estaban cuestionando normas sociales, pero lo estaban haciendo desde una situación muy concreta. Necesitaban vestirse de una determinada manera porque estaban manejando motocicletas durante miles de kilómetros.
La necesidad práctica chocaba directamente contra una convención social.
Pikes Peak antes de convertirse en el Pikes Peak que conocemos

Otro de los episodios fuertes del viaje ocurrió en Colorado, cuando Augusta y Adeline alcanzaron la cima de Pikes Peak.
Actualmente Pikes Peak está profundamente asociado al mundo del motor por la famosa competencia de montaña, pero en 1916 el escenario era muy distinto. Estamos hablando de una subida que supera los 4.300 metros de altura, realizada con caminos mucho más precarios y sobre motos que no contaban con ningún tipo de compensación electrónica para la pérdida de rendimiento provocada por la altura.
Las hermanas fueron reconocidas posteriormente como las primeras mujeres en alcanzar la cima de Pikes Peak utilizando un vehículo motorizado.
Y hay un detalle técnico que me parece interesante porque ayuda a poner la hazaña en perspectiva. A medida que un motor atmosférico gana altura, disminuye la densidad del aire y también cae su rendimiento. Actualmente una inyección electrónica puede compensar buena parte de esas variaciones. En una moto de 1916, obviamente, el margen era mucho menor.
Por eso la subida no era simplemente una cuestión de animarse. Había que conseguir que la moto siguiera funcionando razonablemente bien mientras el camino y la altura complicaban cada vez más las cosas.
Y una vez que llegaron a la cima todavía les quedaba una cantidad enorme de kilómetros por delante.
El Ejército las rechazó igualmente

Quizás una de las partes más curiosas de toda esta historia sea que el objetivo original del viaje no terminó consiguiéndose.
Adeline solicitó incorporarse como mensajera militar y el Ejército rechazó la propuesta. Es decir, después de atravesar Estados Unidos en motocicleta, resolver todo tipo de dificultades y demostrar en la práctica que podían desempeñar esa tarea, la institución seguía sin estar dispuesta a incorporarlas.
Ahora bien, creo que acá hay que separar el resultado administrativo de lo que realmente había ocurrido durante esos dos meses.
El Ejército podía decidir no aceptarlas, y efectivamente lo hizo, pero el argumento de que una mujer no podía soportar físicamente el trabajo o manejar una moto en condiciones difíciles quedaba bastante comprometido después de una travesía de casi nueve mil kilómetros.
Eso es lo que termina dándole al viaje una dimensión mayor que la intención inicial. Augusta y Adeline habían salido a defender una propuesta relativamente específica relacionada con el servicio militar y terminaron mostrando, de una forma muy visible, que varias de las limitaciones que se atribuían a las mujeres eran en realidad límites sociales más que físicos.
Quiénes eran las hermanas Van Buren

También es importante entender de dónde venían, porque la historia cambia bastante cuando se conoce su contexto.
Augusta y Adeline eran descendientes del expresidente estadounidense Martin Van Buren y pertenecían a una familia acomodada. El AMA Motorcycle Hall of Fame llegó a describirlas como socialites. Por ende, no estamos hablando de dos mujeres sin recursos que improvisaron una travesía con lo poco que tenían.
Tuvieron posibilidades que muchísimas otras mujeres de la época no hubieran tenido.
Eso no le quita mérito al viaje, pero me parece importante mencionarlo porque permite entender la historia con un poco más de precisión. Lo interesante es qué hicieron con esa posición. Podrían haber seguido una vida completamente compatible con lo que se esperaba de dos mujeres de su clase social y eligieron ponerse arriba de dos Indian y cruzar el país.
Además, lo ocurrido después muestra que aquella travesía no fue una especie de excentricidad aislada.
Adeline estudió Derecho en la Universidad de Nueva York. Augusta se convirtió posteriormente en piloto de avión y estuvo vinculada a The Ninety-Nines, la organización internacional de mujeres aviadoras asociada históricamente a figuras como Amelia Earhart.
Cuando uno mira sus vidas completas, el viaje en motocicleta empieza a parecer bastante coherente con la personalidad de ambas.
La moto como herramienta de autonomía

Hay algo de esta historia que me parece especialmente interesante desde una mirada actual y que tiene que ver con el papel que tuvieron la bicicleta y posteriormente la motocicleta en la independencia individual.
Hoy estamos tan acostumbrados a la movilidad personal que cuesta imaginar el cambio que significó poder recorrer grandes distancias sin depender de un tren, un carruaje, un caballo o de alguien que te llevara.
La motocicleta amplió muchísimo ese radio de autonomía.
Y para una mujer de comienzos del siglo XX esa posibilidad tenía una dimensión todavía mayor, porque muchas formas de movilidad seguían atravesadas por convenciones sociales bastante rígidas.
Las Van Buren llevaron esa idea hasta un extremo poco habitual. No utilizaron la moto simplemente para moverse por Nueva York o hacer recorridos cortos. Decidieron cruzar un país entero y, de paso, utilizar esa travesía como argumento para discutir cuál era el lugar que podían ocupar las mujeres.
Para mí, ese vínculo entre la máquina y la independencia es una de las partes más actuales de la historia. Incluso hoy seguimos hablando de la moto en términos de libertad, de poder decidir un destino y salir por nuestros propios medios. La diferencia es que para ellas esa libertad también significaba cuestionar quién tenía permitido hacer determinadas cosas.
Indian y una industria que todavía estaba definiéndose

La travesía ocurrió además en un momento particularmente interesante para el motociclismo estadounidense.
Indian era uno de los fabricantes más importantes del mundo y Harley-Davidson crecía rápidamente. Las carreras sobre óvalos de madera atraían multitudes y todavía se estaba definiendo qué lugar ocuparía la motocicleta frente al automóvil.
La PowerPlus formaba parte de esa evolución técnica. Era una moto relativamente moderna para 1916 y estaba demostrando que una motocicleta podía servir para mucho más que desplazamientos cortos.
Hay algo bastante curioso en que Indian siga utilizando hoy la denominación PowerPlus para sus motores modernos. Evidentemente el producto actual no tiene casi nada que ver técnicamente con aquella moto, pero el nombre sigue conectado a una etapa muy importante de la marca.
Y esta travesía forma parte de esa historia.
Dos Indian PowerPlus recién lanzadas recorriendo Estados Unidos durante dos meses eran también, aunque ese no fuera el objetivo principal de las hermanas, una demostración bastante fuerte de lo que empezaban a poder hacer las motocicletas.
La llegada a California y lo que vino después

Augusta y Adeline finalmente llegaron a Los Ángeles después de atravesar buena parte del país. El recorrido completo terminaría rondando las 5.500 millas y, según los registros históricos, continuaron moviéndose por la costa oeste antes de regresar hacia el este.
La prensa siguió parte del viaje, aunque muchas publicaciones parecían más interesadas en cómo vestían o en lo extraño que resultaba ver a dos mujeres viajando solas que en la dificultad concreta de la travesía.
Es bastante revelador del momento.
Hoy una expedición semejante probablemente tendría seguimiento por GPS, patrocinadores, videos diarios, publicaciones en redes y una logística completamente distinta. En 1916, dos personas podían cruzar un continente y aun así buena parte de la conversación pública terminar centrada en si era apropiado que llevaran pantalones.
Con el tiempo, obviamente, la lectura cambió.
Augusta y Adeline Van Buren fueron incorporadas al AMA Motorcycle Hall of Fame en 2002, ochenta y seis años después del viaje. El reconocimiento llegó tarde, pero terminó ubicándolas dentro de la historia del motociclismo estadounidense, que es donde creo que corresponde analizarlas además de su importancia dentro de la historia de los derechos de las mujeres.
Porque fueron pioneras, sí, pero fueron también motociclistas haciendo un viaje extremadamente complicado con las herramientas que existían en aquel momento.
Intentar mirar el viaje desde 1916

Creo que esta es la parte más difícil de la historia y, al mismo tiempo, la que más vale la pena intentar imaginar.
Nosotros sabemos que llegaron. Podemos leer el recorrido completo, ver fotografías y consultar qué ocurrió después. Ellas salieron sin saber cómo iba a terminar.
Y eso cambia bastante la perspectiva.
Actualmente, antes de un viaje largo, podemos revisar cada ruta en Google Maps, mirar imágenes satelitales, saber dónde cargar combustible, consultar el clima de los próximos diez días y hasta leer comentarios de otros motociclistas sobre el estado de un camino. Si tenemos un problema serio, podemos llamar a una asistencia o pedir un repuesto desde prácticamente cualquier lugar.
Nada de eso existía para ellas.
Si una pieza se rompía, había que encontrar la manera de repararla. Si una tormenta destruía un camino, había que esperar o buscar una alternativa. Si alguien daba una mala indicación, no había una pantalla que avisara que estabas yendo en dirección equivocada.
Por eso me parece que reducir la historia a “dos mujeres cruzaron Estados Unidos en moto” se queda bastante corto. Lo hicieron en un momento donde viajar grandes distancias en motocicleta todavía requería una capacidad de adaptación que hoy, por suerte, necesitamos bastante menos.
Una historia motera que vale la pena recuperar

Hay muchas historias del motociclismo construidas alrededor de carreras, récords de velocidad, motos extraordinarias o pilotos famosos. La de Augusta y Adeline Van Buren tiene otro valor porque muestra una etapa donde la moto todavía estaba encontrando su lugar dentro de la sociedad y, al mismo tiempo, podía convertirse en una herramienta para discutir cuestiones que iban mucho más allá de la mecánica.
Ellas salieron con dos Indian PowerPlus y una idea bastante clara sobre lo que querían demostrar. El Ejército finalmente no las incorporó, pero durante el camino hicieron algo que muy pocos motociclistas de aquella época podían decir que habían hecho: atravesaron Estados Unidos, llegaron hasta California, subieron Pikes Peak y resolvieron durante casi nueve mil kilómetros las dificultades propias de viajar en una moto de 1916.
Más de un siglo después, creo que eso es lo que termina haciendo que la historia siga funcionando. No hace falta adornarla demasiado ni buscar una moraleja. El contexto, las motos, la distancia y las decisiones que tomaron ya son suficientemente interesantes.
Y, personalmente, hay algo que me gusta mucho de este tipo de historias: nos recuerdan que buena parte de lo que hoy consideramos normal dentro del motociclismo alguna vez tuvo que ser probado por alguien. Viajar lejos, cruzar un país, subir una montaña o simplemente aceptar que cualquier persona podía manejar una moto no eran cosas tan obvias como nos parecen ahora.
Las Van Buren estuvieron entre quienes ayudaron a demostrarlo.
